Cuando me faltaba un semestre para concluir con mi carrera profesional, estuve realizando el servicio social en el CBTIS 9, donde las actividades propias consistieron en dar asesorías en la modalidad semiescolarizada, a escasos meses de iniciar, me asignaron 4 grupos de adolescentes de entre 30 y 42 alumnos para impartir la asignatura de Taller de Lectura y Redacción II, En ese momento me puse contento porque era lo que yo realmente deseaba con entusiasmo, pero al mismo tiempo sentía un estremecimiento que me recorría todo el cuerpo, empecé a idear modelos cognitivos sobre cómo debía de comportarme ante un grupo de adolescentes rebeldes, inmaduros, pero también sobre la forma de cómo tenía que dar mis clases.
Empecé a recordar a cada uno de mis maestros que me impartieron clases durante mi carrera y evocarlos en una situación de enseñanza, entonces fui retomando ciertas características y actitudes que yo consideraba de mayor importancia para que pudiera generar una identidad docente provisional.
Fue entonces cuando pude darme cuenta que en la escuela no nos enseñan cómo dar clases y mucho menos qué actitud adoptar en el aula. Aprendemos a ser maestro por ensayo y error.
Ahora bien, conforme vas adquiriendo la experiencia, te das cuenta que el ser docente implica estar inmerso dentro de una serie de dimensiones que como teoría suena bien, pero en el momento de llevarlo a la práctica resulta complicado. Tales dimensiones son: valoral, pedagógica, interpersonal, institucional, personal y social, entre otras.
De la misma manera sucede con los postulados de la educación, aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a convivir. Considero que únicamente nos enseñan el aprender a aprender y los demás tenemos que adquirirlo a través de ensayo y error.
Por lo tanto y considerando los puntos analizados en las diferentes lecturas, he llegado a la conclusión que la docencia es una noble tarea que requiere de una plena vocación por quienes la ejercemos, también implica de una capacitación constante en las nuevas tendencias psicopedagógicas para organizar los escenarios de aprendizaje.
Para poder entender a los adolescentes y conocer sus inquietudes, intereses y virtudes, tenemos qué conocer el mundo en que viven, incluirnos en él y tal vez así podemos entenderlos y hacer de la enseñanza algo muy interesante, donde el objetivo principal es que el alumno se interese por aprender y desarrollar las competencias que exige la Reforma Integral del Bachillerato.
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2 comentarios:
Buenas noches: Javier Ernesto, estoy de acuerdo contigo, aprendemos a ser maestro por ensayo y error, conforme vas adquiriendo la experiencia, te das cuenta que el ser docente implica estar inmerso dentro de una serie de dimensiones que como teoría suena bien, pero en el momento de llevarlo a la práctica resulta complicado.
Pero recordar enseñar es educar. Felicidades.
Desde el punto de vista de un estudiante como yo, realmente creo que para ser profesor hace falta mucho más que tener habilidades como docente: se necesita también ser una persona con una forma de pensar que no se limite a hacer lo que sus jefes le dicen que haga; hace falta tenr la vocación de servir y enseñar, porque para eso se supone que están los profesores.
En mi larga carrera como estudiante, me he encontrado con profesores de muy variados tipos, y sólo algunos han demostrado "servir" realmente para desempeñar su tan valiosa función en la sociedad, y son aquéllos que no se limitan sólamente a eso, sino que también se preocupan por cada uno de los alumnos a los que enseñan.
La escuela se ha convertido realmente en un hogar secundario para mí, y es por eso que los profesores y profesoras desempeñan un importantísimo papel que puede equipararse al de la familia en el hogar.
Ese es mi punto de vista, mi estimado Maestro.
Muy buena entrada. Estaremos en contacto.
Jaime Rocha
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